Menu

Entrevista con Gabriel Ginebra

Escrito por Editorial Conecta

GABRIEL GINEBRA es autor de El japonés que estrelló el tren para ganar tiempo. Por qué nos volvemos incompetentes y cómo gestionarlo.

¿Quién es el japonés del título?

Ryujiro Takami, 23 años, un pobre diablo en apuros, asfixiado, poco entrenado. Maquinista de la excelente y todopoderosa West Japan Railway Company, presionado, quería escapar de una sanción y un programa de reentrenamiento, y provocó una catástrofe ferroviaria con más de 100 muertos y 500 heridos. Murió joven.

Se me ocurre que el subtítulo, «Por qué nos volvemos incompetentes y cómo gestionarlo», podría ser también «Elogio de la incompetencia».

Mensaje captado. Todos somos incompetentes —de diferentes tipos y en diferentes grados—, tenemos que aprender a convivir con ello sin deprimirnos. Bienvenidos al mundo real. Antes no éramos tan buenos como nos pensábamos, pero ahora seguimos siendo recuperables. Nos dejamos llevar por el romanticismo, que sobrevalora las emociones, nos ilusionamos y nos frustramos con demasiada facilidad.

Recuerdo una frase del que fuera primer ministro ruso Víktor Chernomirdin: «Quisimos hacerlo de la mejor manera posible y nos salió como siempre». Podrían nombrarle santo patrono de los incompetentes…

Creo que puede leerse como una frase sabia. La pretensión de que todos aspiremos a ser números uno es falsa necesariamente y frustrante para todos. La propia trayectoria de Chernomirdin es paradigmática. No fue nada brillante en su bachillerato y alcanzó los más altos cargos de una de las naciones más importantes del planeta. Y no digo que lo hiciera mal, sino que es normal. Igual así entenderemos mejor la realidad y la disfrutaremos más.

Cuando una piensa en incompetencia y empresa, inmediatamente piensa en Murphy y su ley. Pero no es la única…

También es conocido el principio de Peter de que todo el mundo asciende hasta su nivel de incompetencia. Son menos conocidos, sin embargo, pero no menos ciertos, los principios de Dilbert (la forma siempre triunfa sobre el fondo) o de Parkinson (el tiempo dedicado a abordar un problema suele ser inversamente proporcional a su importancia).

La incompetencia tiene razones estructurales, antropológicas y organizativas.

Hemos mencionado ya algunas. Pero en las sociedades desarrolladas sufrimos también de fariseísmo, de exceso de control, damos demasiadas vueltas a las cosas: es un mundo barroco. Caemos en fenómenos histéricos y excesos de normativas que nos alejan de las personas. Ayer mismo fui con mis hijos a mitigar el calor en una piscina pública. Eran las tres de la tarde, éramos los únicos usuarios. Pero dos vigilantes se dedicaron a molestarnos diciéndonos que no podíamos comer, ni tirarnos de cabeza, ni cruzar transversalmente las líneas de boyas que marcaban carriles de competición.

¿Qué aconseja: convivir con la incompetencia o combatirla?

Necesariamente tenemos que aprender a convivir con la incompetencia. Presentarse como perfectos es engañar, y normalmente empezamos auto engañándonos. Convivir y combatir son compatibles, siempre que uno se considere parte de los incompetentes que combate.

Hay individuos más incompetentes que otros. ¿Y las sociedades, los países?

A estas alturas va quedando claro que no se sabe si es mejor ser considerado competente o incompetente. Pero sí creo que hay algunos males más típicos de algunas sociedades. Hay entornos más perezosos o más orgullosos, más histéricos o acelerados, más proactivos o depresivos, más o menos asertivos.

¿Me da tres ejemplos de incompetencia palmaria?

En el libro aparecen casos como el reciente accidente del crucero Costa Concordia, provocado por un experto capitán de barco que se propone un saludito, o el accidente más catastrófico de la historia, la central de Chernobil, que explotó por proponerse una prueba extrema de seguridad de un reactor innecesaria. En el momento que vivimos sólo hay que coger un periódico para apuntar nuevos ejemplos: aeropuertos sin aviones, trenes sin pasajeros, etc. Con todo a mí me resultan más letales la infinitud de incompetencias organizativas diarias, tanto a nivel empresarial como social, a las que estamos enormemente acostumbrados y que no llegan a ser noticia. Tantos procedimientos de objetivos que no orientan, verificaciones inútiles perjudiciales, programas de calidad que son papel mojado, cargos que sólo se «ejercen» nominalmente. Reuniones, llamadas, correos electrónicos ineficaces o que ni llegan al destinatario.

Deja tu comentario

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies